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Lectura: unos 9 minutos10 transformaciones

Venezuela tiene miles de problemas. Ninguna lista de diez puntos puede resolverlos todos.

Ninguna persona, por sí sola, puede conocer, dirigir y ejecutar cada transformación que el país necesita. Pero existen diez decisiones fundamentales capaces de cambiar la manera como funciona el Estado y hacer posibles muchas otras soluciones.

Si el poder se distribuye correctamente, será más difícil que una sola persona controle el país. Si se construye una transición con justicia y convivencia, más venezolanos podrán participar en el futuro. Si se recupera la confianza, regresarán la inversión, el crédito y el empleo. Si se protege el dinero de la reconstrucción, los recursos nacionales podrán convertirse en obras y servicios. Si se recuperan la energía, la infraestructura y la capacidad tecnológica, Venezuela podrá volver a producir. Y si la riqueza finalmente llega a la población, los venezolanos podrán comenzar a construir una vida mejor.

Estas diez transformaciones no pretenden explicar cada detalle. Pretenden establecer las bases. No son diez promesas. Son diez decisiones para cambiar la dirección del país.

Una aclaratoria necesaria. Lo que sigue son propuestas para la discusión pública, no decisiones tomadas. Un País que Funcione no elige quién gobierna ni impone una forma de gobierno: eso les corresponde a los venezolanos, con su voto y a través del proceso constitucional. Nuestro papel es explicar las opciones con claridad y proponer cómo podrían funcionar.

Arquitectura Nacional

Diez transformaciones


1

Cambiar la forma de gobernar

Venezuela no debe volver a colocar todo el poder nacional en manos de una sola persona. Un País que Funcione propone transformar al país en una República parlamentaria.

Los ciudadanos elegirían directamente a sus representantes en el Parlamento. Después, esos representantes escogerían al primer ministro responsable de gobernar. El primer ministro necesitaría mantener el apoyo del Parlamento. Si pierde ese apoyo o demuestra que no puede gobernar, podría ser sustituido sin obligar al país a vivir otra gran crisis presidencial.

También existiría una oposición oficial, acompañada por un gobierno de sombra encargado de vigilar diariamente al primer ministro y a cada miembro de su gabinete. El sistema electoral y el Tribunal Supremo de Justicia tendrían que ser reconstruidos como instituciones independientes.

No se trata simplemente de cambiar de presidente. Se trata de evitar que Venezuela vuelva a depender de un caudillo.

2

Construir una transición con justicia y convivencia

Venezuela necesita justicia. Pero también necesita una manera de permitir que quienes estén dispuestos a abandonar el antiguo sistema puedan cooperar con la transición. Las personas legalmente elegibles para recibir una amnistía limitada, garantías o una reducción de responsabilidad tendrían que contribuir de manera real y verificable: decir la verdad, entregar información, identificar redes ilícitas, devolver dinero venezolano bajo su control, colaborar con la recuperación de activos y aceptar las nuevas reglas democráticas.

Los recursos recuperados serían destinados al Fondo Soberano de Reconstrucción Nacional. Nadie podrá comprar su perdón. Los delitos graves no desaparecerán porque una persona devuelva dinero.

La idea es ofrecer una salida legal a quienes realmente cooperen, sin convertir la reconciliación en impunidad. El objetivo es transformar adversarios en participantes del nuevo sistema, sin permitir que el antiguo sistema sobreviva dentro de él.

3

Construir una relación especial y permanente con los Estados Unidos

Los Estados Unidos deben ser el principal socio estratégico de Venezuela. Esa relación no puede depender de quién sea presidente en Washington ni de quién gobierne en Caracas. Un País que Funcione propone negociar un pacto especial y de largo plazo entre ambos países, que podría incluir energía, comercio, inversión, seguridad, tecnología, educación, lucha contra el narcotráfico, infraestructura y reconstrucción nacional.

También debería firmarse un acuerdo amplio de cooperación energética que ayude a recuperar la producción venezolana y fortalezca la seguridad energética de ambos países.

Venezuela debe cumplir su palabra. Los Estados Unidos también. No se trata de una Venezuela subordinada, sino de una Venezuela soberana que sea un socio estable, valioso y confiable de los Estados Unidos.

4

Crear una alianza de seguridad bajo reglas venezolanas

Venezuela debe considerar la presencia de bases estadounidenses en lugares acordados por ambos países. Conviene decirlo con claridad, porque las decisiones importantes no deben esconderse detrás de palabras complicadas.

Esas bases solamente podrían existir mediante aprobación constitucional, autorización parlamentaria, reglas públicas, objetivos claramente definidos, revisiones periódicas y respeto por la soberanía venezolana. Podrían contribuir a combatir el narcotráfico, proteger nuestras costas, enfrentar grupos armados, responder ante desastres, entrenar profesionalmente a nuestras fuerzas y proteger corredores energéticos.

No reemplazarían a las Fuerzas Armadas venezolanas. No se trata de entregar soberanía. Se trata de protegerla mediante una alianza creíble.

5

Ampliar el horizonte hacia el mundo

La relación especial con los Estados Unidos no debe cerrar las puertas al resto del mundo. Venezuela también debe construir relaciones profundas con la Unión Europea, el Reino Unido, los países del Golfo, Japón, Corea del Sur, otras economías avanzadas de Asia, Canadá y las instituciones internacionales.

Europa y el Reino Unido pueden contribuir con instituciones, educación, salud, regulación, infraestructura e inversión. Los países del Golfo pueden aportar capital de largo plazo, energía, petroquímica, puertos, logística, agua, vivienda, agricultura y tecnología. Asia puede contribuir con industria, transporte, manufactura e innovación.

La visión debe ser sencilla: los Estados Unidos como principal socio estratégico, y el mundo como horizonte.

6

Proteger el dinero de la reconstrucción

Venezuela necesita un Fondo Soberano de Reconstrucción Nacional. Allí podrían ingresar recursos provenientes de dinero venezolano recuperado, una parte de los ingresos energéticos, acuerdos internacionales, financiamiento multilateral, aportes para la reconstrucción y rendimientos de inversiones de largo plazo.

Ese fondo no puede convertirse en otra cuenta controlada por el presidente o por un partido político. Debe ser administrado por profesionales, auditado internacionalmente y supervisado por el Parlamento y por los ciudadanos.

Cada venezolano debe poder conocer cuánto dinero ingresó, de dónde provino, dónde fue invertido, qué proyecto financió y quién recibió cada contrato importante. La riqueza nacional pertenece a la nación. No al gobierno de turno.

7

Hacer que Venezuela vuelva a ser un país confiable

Nadie va a invertir, ahorrar o construir en un país donde las reglas cambian constantemente. Venezuela debe recuperar la confianza en su moneda, su Banco Central, sus contratos, sus tribunales, su sistema financiero y sus cuentas públicas.

Es necesario renegociar responsablemente la deuda nacional, normalizar las relaciones con las instituciones financieras internacionales, proteger la propiedad privada y recuperar el acceso al crédito. También hay que revitalizar la Bolsa de Valores y reconstruir una Comisión Nacional de Valores independiente, profesional y capaz de proteger a los inversionistas.

Esto puede sonar técnico, pero afecta directamente la vida cotidiana. Sin confianza no hay crédito. Sin crédito, las empresas no pueden crecer, las familias no pueden comprar viviendas y el país no puede reconstruirse.

8

Utilizar la energía para reconstruir todo el país

Venezuela posee enormes recursos petroleros, gasíferos, eléctricos y petroquímicos. Pero los recursos debajo de la tierra no mejoran por sí solos la vida de nadie. Se necesitan capital privado, tecnología internacional y empresas bien administradas para recuperar la producción.

Los recursos naturales continuarán perteneciendo a Venezuela. Pero empresas venezolanas e internacionales calificadas deben poder invertir, operar y competir bajo reglas claras, transparentes y estables. Es necesario crear empresas mixtas bien reguladas y abrir espacios para socios de los Estados Unidos, Europa, el Reino Unido, el Golfo y Asia.

El petróleo no debe volver a financiar control político. Debe financiar la transformación nacional.

9

Hacer que Venezuela vuelva a funcionar

Antes de discutir grandes teorías, hay que lograr que la vida cotidiana vuelva a funcionar. Eso significa reconstruir electricidad, agua, carreteras, transporte, puertos, aeropuertos, viviendas, hospitales, escuelas, telecomunicaciones, agricultura, turismo, energía y empresas básicas.

También hay que reconstruir las zonas afectadas por desastres naturales y crear un sistema moderno de conexión vial que una al país, permita movilizar personas y mercancías y facilite el comercio nacional.

Al mismo tiempo, hay que modernizar al propio Estado. Los ciudadanos deben poder obtener documentos, realizar pagos, registrar empresas y utilizar servicios públicos sin pasar horas en una fila ni depender de un favor político. La tecnología no es un lujo. Es parte de la infraestructura y de la soberanía de un país moderno.

10

Hacer que la riqueza nacional llegue a los venezolanos

La prueba final de toda esta arquitectura es muy sencilla: ¿mejoró la vida de la gente? El crecimiento económico significa muy poco si las familias continúan viviendo sin electricidad, educación, salud, vivienda, seguridad o esperanza.

La riqueza venezolana debe convertirse en empleo, mejores salarios, escuelas, hospitales, viviendas, pensiones sostenibles, crédito, infraestructura, propiedad y oportunidades reales.

Es necesario crear un Fondo Nacional de Becas para que venezolanos calificados puedan estudiar dentro o fuera del país. También hay que abrir caminos para que la diáspora pueda regresar, invertir, enseñar, investigar y participar en la reconstrucción.

Un país no es exitoso porque su gobierno sea rico. Es exitoso cuando su gente puede construir una vida mejor.

Esto es solamente el comienzo


Estas diez transformaciones no representan siquiera una fracción de todo lo que Venezuela necesita reparar, cambiar y modernizar. Cada área requerirá especialistas, legislación, instituciones, financiamiento, tiempo y participación ciudadana.

Ninguna persona tiene, por sí sola, todas las respuestas. La responsabilidad de Un País que Funcione es ayudar a diseñar la arquitectura, reunir a las personas capaces de ejecutarla y mantener al país concentrado en el destino que se quiere alcanzar.

Venezuela vive una paradoja inaceptable. Posee una de las mayores riquezas energéticas del mundo, pero esa riqueza no ha garantizado una vida digna para su población. Durante demasiado tiempo, el ingreso petrolero llegó primero al gobierno. El ciudadano recibió demasiado poco y controló prácticamente nada.

Esa relación debe invertirse. La riqueza nacional debe dejar de sostener al poder. Debe comenzar a sostener a la población. El éxito no se medirá por cuánto dinero recibe el Estado. Se medirá por cuánto mejora la vida de los venezolanos.

Venezuela no necesita solamente un nuevo gobierno. Necesita una nueva forma de gobernarse, relacionarse con el mundo, proteger su riqueza y convertirla en bienestar para su gente. Estas diez transformaciones no resolverán todo. Pero pueden cambiar la dirección del país y hacer posible todo lo demás. No son el final del trabajo. Son el punto de partida.